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DENADA DANCE THEATRE EN TORO: BEAUTY AND THE BEAST DE CARLOS PONS GUERRA


TORO - Beauty and the Bull


DeNada Dance Theatre
Burton Theatre, Leeds

MIKE DIXON


Carlos Pons Guerra es un inconformista por naturaleza y, aunque sus inquietudes principales no son difíciles de identificar, su estilo contiene referencias estéticas diversas: elementos de los cabarets de la República de Weimar se mezclan con la teatralidad estridente de Lindsay Kemp y un toque de barraca de feria para abordar cuestiones relacionadas con las políticas de género o el fascismo español. En “Toro” le da un giro nuevo e interesante a estas cuestiones y trabaja con un elenco notablemente más amplio que el que había tenido hasta ahora. 

Las luces de proscenio sugieren la entrada a una carpa de un parque de atracciones. Estamos en “un prostíbulo, en algún lugar de la Sudamérica colonizada”. Emma Walker, en el papel de La Muchacha yace inmóvil en el suelo, con las piernas abiertas, una imagen clásica de la víctima. Los Hermanos, Michael Barnes y Nicholas Tredrea, dos hombres musculosos con el pecho al descubierto, se entregan a rituales competitivos, masculinos, se golpean y empujan el uno al otro creando figuras heroicas como arrancadas de una vasija de terracota ancestral. Cuando reparan en la figura femenina, van hacia ella, la manipulan con los pies, la arrastran por el suelo y la elevan como si fuera una muñeca o un trofeo. Marivi Da Silva, en el rol del Toro, entra con un arnés de tiras de cuero finas alrededor del pecho y con una máscara a medio camino entre algo taurino y Hannibal Lecter. La escena sigue dominada por rituales abusivos, de sumisión y agresión, que desembocan en nuevas formas con la llegada de Jonathan Luke Baker y Jason Tucker. Estos se unen a la acción e intentan rodear y controlar a Da Silva. Las dos mujeres tienen un momento tierno, táctil, en el centro del escenario que es sutilmente erótico y a la vez espiritual. Cuando La Muchacha abre su abanico rojo, los hombres explotan en una danza cómica cubriéndose los genitales. Derrochando energía, cacarean como gallitos y se tocan la entrepierna. Nicholas Tredrea y Jonathan Luke Baker, de extremidades largas y abdominales fuertes, parecen atletas de una película de Leni Riefenstahl mientras que los demás hombres tienen apariencias más terrenales. 

Tras el descanso, estamos en “una barraca de circo, el desierto”. Allí, de los telones rojos del fondo de la escena, iluminados de una forma muy bonita, emerge Nicholas Tredrea en el papel de Dragnimal, un animal drag queen, que interpreta un solo oscilante y orgiástico con el pecho descubierto y una falda larga. Jonathan Luke Baker, Michael Barnes y Jason Tucker se unen a él para entregarse a una bacanal energética que parece una Consagración de la Primavera gay. Todo esto culmina en un “tableaux” lleno de músculo mientras en el suelo La Muchacha y el Toro disfrutan de un dúo vibrante y conmovedor con el tema “Unchained Melody” interpretado por La Lupe. Emma Walker y Marivi da Silva juegan juntas y transmiten un hermoso sentimiento de serenidad en el medio de la agresividad de los hombres. Tras un solo acrobático de Baker, Walker y Tredrea interpretan una desagradable “danse Apache” con la canción de Los Panchos “Contigo Aprendí”. La Muchacha acaba casi inconsciente, forzada a vestirse de novia mientras él, con medias de matador, vence finalmente al Toro de Da Silva al son del “Capricho Español” de Rimsky-Korsakov. 

En una nota del programa de mano titulada “Dioses y Monstruos”, Carlos Pons Guerra se adentra con inteligencia en la idea de traspasar el umbral de la realidad para proponer criaturas híbridas. Estos monstruos, apunta, mitad animales, mitad humanos, están presentes en casi todas las mitologías y religiones. El Minotauro o la Bella y la Bestia son algunos de los ejemplos más obvios de este fenómeno. Además, argumenta que las personas gay han sido tratadas a menudo como si fueran seres indefinibles y exóticos. “Los monstruos mutan y a menudo se transforman en seres bellos y débiles, indefensos, minorías temidas que a la vez tienen una gran capacidad seductora.” En “Toro” hay muchas ideas complejas entrelazadas a un imaginario decadente y perturbador que en ocasiones no resultan de fácil acceso. Las elecciones musicales de Pons Guerra son, como siempre, eclécticas e ingeniosas y los diseños de Ryan Dawson Laight e iluminación de Barnaby Booth son excelentes.