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BALLET HISPÁNICO EN WAITING FOR PEPE DE CARLOS PONS GUERRA. © PAULA LOBO

Ballet Hispánico


Teatro Joyce, Nuevo York

TRINA MANNINO


Como todas las anteriores, esta temporada del Ballet Hispánico en el Teatro Joyce ha sido exuberante, con vestuario vistoso y una danza vital. Este año, además, ha tenido un pulso más obstinado, casi una cierta urgencia. Es sencillo imaginar los problemas que esta organización dedicada a las culturas latinas debe estar teniendo en el panorama actual con un presidente que continúa con su idea de construir un muro entre Estados Unidos y Méjico, el programa DACA y los Dreamers.  Sin embargo, el Ballet Hispánico no cede a estas dificultades. Al contrario, reivindica su lugar con más fuerza.  En esta última edición, la compañía celebra la otredad y el multiculturalismo y aborda la situación política de una forma conmovedora. 

Los cuatro trabajos que compusieron la velada, muy diferentes entre sí, se relacionan de forma intrigante. La pieza de Michelle Manzanales, Con Brazos Abiertos y Waiting for Pepe de Carlos Pons Guerra exploran el concepto de identidad dentro de situaciones políticas complicadas. Tanto Gustavo Ramírez Sansano como Pons Guerra se basan en la obra de Federico García Lorca y Annabelle López Ochoa y Manzanales tienen a mujeres como personajes principales de sus piezas. 

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BALLET HISPÁNICO EN WAITING FOR PEPE DE CARLOS PONS GUERRA. © PAULA LOBO

Aunque todas las propuestas son potentes, Waiting for Pepe (el estreno mundial de Pons Guerra), es el plato fuerte de la velada. El coreógrafo entrelaza aquí temas personales, históricos y políticos. Su experiencia como joven homosexual en España se mezcla con referencias a la atmósfera opresiva que viven las hijas de Bernarda en la obra La Casa de Bernarda Alba. La obra pone de manifiesto el efecto que la opresión tiene sobre sus víctimas pero también nos recuerda que debemos disfrutar de los breves momentos de liviandad que hay incluso en las etapas más oscuras. Los bailarines llevan trajes grises, austeros, pero derrochan grandes dosis de energía, entregados a formar retorcidas, con los brazos levantados componiendo suntuosos port de bras corales. El coreógrafo se adentra en la opresión y el deseo y marida marchas autoritarias con movimientos sensuales. Los cuerpos caen al suelo, colapsados, mientras sus pelvis siguen vibrando como si fueran peces fuera del agua. Waiting for Pepe es una obra fascinante, llena de dualidades que, como recuerdos desgarradores, siguen vivos en el espectador mucho después de haber abandonado el teatro. 

En el caso de Manzanales, el acercamiento al tema de la identidad es más ligero. Esta coreógrafa mejicano-estadounidense  de Tejas usa referencias pop para ilustrar la sensación que tiene el que vive entre dos culturas. Hay música de Julio Iglesias, un fragmento del audio de la película Selena que narra la vida de la cantante chicana y un poquito del dúo cómico Cheech & Chong. Aunque reconocer estos materiales resulta divertido, Con Brazos Abiertos no consigue encontrar en la virtuosa danza de esta compañía el vehículo principal para transmitir a los espectadores temas relacionados con la identidad o el aislamiento. 

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BALLET HISPÁNICO EN LINEA RECTA DE ANNABELLE LÓPEZ OCHOA. © PAULA LOBO

Ramírez Sansano también tiene dificultades para transmitir, más que ilustrar, en su estreno de Espíritus Gemelos, un dúo sobre el presunto romance de Lorca y Salvador Dalí. El comienzo del trabajo es onírico y muestra a dos hombres entrando desde el público con dos maletas. A través de una puerta misteriosa, llegan a un espacio compuesto por una cama y un caballete. Omar Román de Jesús usa su mano como si fuera una brocha y pinta el aire con vigor mientras Chris Bloom posa para él. Poco después, abandonan estos gestos para entregarse a un dúo íntimo de carácter abstracto. Se envuelven el uno al otro, a veces carnales y otras delicados, descarados y cautelosos. Espíritus Gemelos tiene un comienzo carente de sutileza pero, afortunadamente, progresa hacia algo más profundo que se mueve entre el amor y la pasión. 

Al igual que los dos bailarines en la sección final de Espíritus Gemelos el cuerpo de baile se afana para llenar de matices cada uno de los ballets de la velada. Es emocionante ver la versatilidad de estos intérpretes que pasan por momentos que nos recuerdan a la técnica Gaga, el ballet, el flamenco o lo pop.

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BALLET HISPÁNICO EN LINEA RECTA DE ANNABELLE LÓPEZ OCHOA. © PAULA LOBO

En Línea Recta de López Ochoa, el elenco alterna flamenco y danza contemporánea mientras mueven la bonita cola, si bien algo engorrosa, del traje de una de las bailarinas. López Ochoa demuestra aquí que es una compositora magistral con un vocabulario físico muy claro. Los bailarines (ellas con vestidos rojos y ellos con pantalones al estilo de los toreros) encajan como si fueran piezas de un puzle. Se juntan y se separan como si estuvieran unidos por una cuerda tensa para ir creando diversas configuraciones. Ochoa investiga a menudo cuestiones relacionadas con la lucha de sexos. Las mujeres se escapan de posturas sinuosas en las que los hombres las colocan pero pronto vuelven a estar atrapadas, es como el juego del ratón y el gato. Sin embargo, en esta pieza hay un tercer elemento, la cola roja del traje. Tanto la bailarina que la lleva como los demás bailarines la manipulan. Juntos, conviven en torno a este elemento que, con su movimiento serpenteante, escurridizo, pone a ambos géneros en igualdad de condiciones.