Cafe La Ribot

La Ribot y Jesús R. Gamo. Foto: Eva Viera.
JESÚS R. GAMO toma un café con
La Ribot

Madrid, 25 de Febrero de 2016, 15:30


La Ribot vive en Ginebra pero dice que es Madrid lo que le da energía, de vez en cuando vuelve a la ciudad donde nació para cargar los depósitos. Eso me contaba un día que la fui a buscar al Museo Reina Sofía, se había traído a sus alumnos de la HEAD (Universidad de Arte y Diseño) de la capital suiza a pasar una semana. Estaban trabajando sobre lo que está oculto, sobre lo que no se ve y esa mañana, a las cinco, habían ido a visitar Mercamadrid que es como una gran ciudad dentro de la ciudad donde los alimentos se gestionan cada madrugada para abastecernos a todos. Ya sentados en una de las mesas de la cafetería, La Ribot me contaba sus primeros recuerdos en relación a Madrid y la danza: de pequeña estaba fascinada con el hombre que organizaba y dirigía los festivales de fin de curso en su colegio. Luego, se atrevió a decirle a su madre que quería ser bailarina y, tras estudiar ballet clásico en la escuela de su barrio que llevaba Alain Baldini, se fue al Centro de Rossella de Hightower en Cannes. “Lo que me sirvió a mi del clásico fue el orden geométrico, que te lo puedes saltar o no, pero que te da una percepción muy potente de las escalas del cuerpo, del espacio.” Cuando se hartó, estuvo un tiempo viajando y entendió que no le interesaban demasiado los otros, que ella quería ser su propia directora. Volvió a Madrid y se encontró con una ciudad nueva, empezó una formación más contemporánea con Carmen Senra y Carl Paris, creó un colectivo que no acabó de funcionar y, después, con Blanca Calvo, formó Bocanada Danza. “Eran los 80, plena efervescencia, Madrid era absolutamente alucinante, había muchísima energía, era una época muy bonita, una bestialidad. Tuve la sensación de que eso que estábamos haciendo, yo y todos los demás, estaba cambiando el país y que se necesitaba gente como nosotros, sí, tenía esa conciencia de cambiar muchas cosas, con muchísima ilusión. Cuando me fui a vivir a Londres fue porque me di cuenta de que no era que no lo pudiese cambiar, que eso son palabras mayores, sino de que no podría cambiarlo haciendo lo que quería hacer, que es diferente. ¿Me quedo aquí y ayudo a este momento pero no voy a poder hacer artísticamente lo que quiero o hago lo que quiero artísticamente hablando y me tengo que ir?” Por entonces, La Ribot estaba ya trabajando en sus Piezas Distinguidas, un proyecto que intentaba desvincular la danza del edificio teatral y que buscaba más relaciones con lo plástico, con el fragmento, con la serie. “La situación en Madrid era cada vez más marginal, Pradillo nos acogía pero se nos iba quitando del centro y pensé: lo que hago no va a tener ni fuerza ni eco donde tiene que hacer mella. Durante esos años oía constantemente aquí: Ribot, te queremos mucho pero lo que tú haces no es danza. No había que reconocer si era o no danza sino admitir una nueva forma de mirar las cosas.” En el año 91, Lois Keidan, que trabajaba para el Institute of Contemporary Arts (ICA) londinense, se vino en su coche a hacer un viaje de un mes para buscar artistas jóvenes que incluir dentro de una muestra que se iba a organizar en Londres en el 92 sobre la España contemporánea. “Yo la recibí vestida de Socorro! Gloria!, un striptease de 40 prendas de ropa. Estaba en el comienzo de mis Piezas Distinguidas y le conté todo. Invitó a 19 artistas españoles pero luego hubo un problema diplomático grandísimo y todo se fue abajo.” Finalmente, un año después, Lois pudo llevar a La Ribot a Londres: “Cuando yo llegué e hice aquello y vi el recibimiento, le dije a Gilles Jobin, que era mi marido, bueno mi amigo: nos venimos mañana a vivir aquí, en Madrid esto es imposible, jamás vamos a tener este público ni este interés.” Luego, tras varios años en Londres, se mudaron a vivir a Ginebra, “fue un cambio profundo, estuve casi ocho años sin tocar las Piezas Distinguidas, me metí a colaborar con la HEAD…” En todos estos años, La Ribot no ha dejado de relacionarse con Madrid y añora su energía y vitalidad a la vez que reconoce su inmovilismo. “A veces tengo la sensación, cuando vuelvo, de que no ha cambiado nada, de que sigue siendo ese lugar de los años 80. No puede ser que el país siga igual, con las mismas preguntas.” Casi a la vez que decía esto, expresaba su deseo de pasar más tiempo aquí, tal vez viniendo a hacer algún proceso creativo, quizá si pudiera dirigir algún centro de creación, un lugar híbrido, y le pregunté su opinión sobre una iniciativa en la que había colaborado unos meses antes para pedir una Casa de la Danza para Madrid. “Me llamaron y participé en un vídeo. Pero luego me paré a pensar y me pareció una bobada. No tenemos que pedir una Casa de la Danza para Madrid sino un centro de arte, grande, expansivo, que no tenga que ser para la danza sino para todas las artes escénicas, no podemos seguir cerrando la danza en un gueto, ese es justo el problema, hay que abrirlo. Hay que pedir muchos teatros y muchos lugares para producirse de diferentes maneras y cubrir las distintas necesidades de cada artista, no enclavarnos tanto en una disciplina que además empieza a dejar de tener interés concreto.” Luego, llegamos al tema de la marginalidad de la danza, no sólo aquí, apuntaba ella, en todos sitios, siempre como dejada de lado, apartada, en los peores lugares, con menos difusión, menos espacio en prensa… “Y luego dentro de la danza la mujer, es como la cocina, cuando lo gastronómico se hace cultura y saber es el hombre quien lo lleva pero la mujer ha estado siempre ahí, bueno, pues igual, la mujer hace la danza, es la historia de la danza, pero cuando hay que dar nombres prevalecen los hombres.” Poco antes de irnos, hablamos sobre el barroco, que es algo que le interesa ahora, sobre los proyectos artísticos que duran toda una vida, sobre la evolución de lo textual en su obra, sobre la posibilidad de comprar una moto para irse a ver las montañas y los lagos en Ginebra cuando quiera, sobre la importancia de que los artistas den luz y abran puertas en vez de cerrar códigos o sobre lo digital, “que abarca en horizontal, es superficial pero es verdadero, no es vertical, no es profundo, pero se multiplica, se dispersa mucho más rápido, es una nueva manera de entender el mundo y me intriga, mi pelea ahora es intentar entenderlo, no puedo despistarme para poder seguir comprendiendo el mundo porque me parece que todo el problema es entender dónde estamos.” Jesús R. Gamo