InterviewSP_Xander_Parish

Xander Parish en Marguerite y Armand de Frederick Ashton. Foto: Emma Kauldhar
Xander Parish

Mirando atrás, ¿te arrepientes de algo? No, de nada- unirme al Mariinsky fue lo mejor que podía haber hecho. El venir aquí fue una aventura increíble y eso no lo cambiaría por nada. Me siento agradecido no sólo de la oportunidad de venir a bailar aquí, sino de unirme al teatro- es algo tan inusual para un extranjero.

¿Trabajas con dos preparadores? Mi coach es Igor Petrov y Yuri Fateev es mi director, y trabajo con Yuri en cierto repertorio. Se ocupa del repertorio de Balanchine así que trabajo con él en cosas como Esmeraldas, Diamantes, Serenade, Apolo- me ha preparado mucho para Apolo, por ejemplo. Con Igor trabajo los clásicos. Pero Yuri ve cada función y me da correcciones extra sobre el escenario tras las funciones, sea lo que sea que baile. Así que en cierta manera tengo dos preparadores. Igor hace que las cosas funciones. A veces se salta las reglas de la técnica para que algo se vea bien y funcione, a pesar de si es correcto o no según el reglamento. Yuri es el técnico y te enseña cómo hacer que la técnica trabaje para tu cuerpo, mientras que Igor hace que tu cuerpo trabaje por la técnica. Yuri es un verdadero perfeccionista. Quiere que todo esté técnicamente perfecto, así que es excelente a la hora de limpiar tu técnica, mostrándote cómo hacer algo correctamente, dónde deben estar los brazos en cualquier momento de un salto, cómo debe funcionar tu coordinación, mientras que Igor hace excepciones a las reglas, te enseña cómo utilizar tu cuerpo para hacer que las cosas se vean bien.

¿Para que sea más a medida tuya? Sí, exactamente.

Retratar las emociones de un personaje es importante para ti, sin embargo, ¿te ha enseñado a actuar alguien? La interpretación actoral es algo que probablemente lleve dentro de mí, pero creo que fue algo que desarrollé cuando estuve en el Royal Ballet durante cuatro años y medio. Estaba al fondo del escenario, observando, y observaba con mucho cuidado, y durante años de observación, solía imaginar qué haría si interpretara ese personaje. Si fuera Des Grieux, ¿cómo reaccionaría si Manon muere en mis brazos? Observaba a los principales bailando esos papeles y pensaba si yo lo haría de la misma manera o de otra. Quiero ver esta emoción, quiero ver esa, y simplemente mirando y pensando desarrollé mi propia interpretación de lo que haría en la misma situación. Sintiendo la música y sentir las emociones…Para mí, las emociones vienen de la música, la música saca a la luz los pasos y la emoción, y si te subes a esa ola, las emociones te siguen y caen en su lugar- siempre que esté en el sitio correcto en el momento correcto. 

Xander Parish. Foto: Emma Kauldhar 

¿Te resultan más gratificantes los ballets en los que retratas a un personaje? Oh sí, sin duda, e incluso un ballet como Diamantes de Balanchine- que se supone que no tiene trama- me encanta bailarlo pero intento encontrarle una historia. Le doy mi propia trama para que tenga significado. Necesita un hilo a través de él para unirlo, de lo contrario no tiene sentido. Si no, ¿por qué lo bailas? No sólo puedes bailar técnica. Bueno, puedes, pero para mí eso es aburrido. No me gusta ver una clase de ballet en escena- ¿qué sentido tiene? El ballet tiene que ser tejido con emoción, con sentimientos, con un propósito, y esa es la corriente que nos mueve a todos. E incluso en Diamantes, hay una historia de amor que ocurre entre la pareja principal; ¿quién sabe qué es? No sé que es lo que Balanchine intentaba mostrar a través de ella, pero sin duda había algo ahí. Que te den una historia tan enriquecida como Romeo o Lago para bailar, es maravilloso, porque da sentido a los pasos- no es sólo en giro en attitude porque sí. Estás hablando con tus amigos, con los cortesanos, los campesinos, lo que sea. Hay una razón para cada paso y eso le da un propósito y hace que valga la pena bailarlo. También me resulta más fácil hacer un paso cuando actúo, no es sólo un paso de clase. Siempre me siento mejor en escena que en clase, por ejemplo. No creo que sea un bailarín técnico, ese no es mi fuerte.

¿Ha habido momentos en los que tu percepción de un personaje no fuera la misma que la de los rusos? Sí, cuando me aprendí Romeo aquí, en el primer acto, primera escena, el telón se abre y Romeo baja las escaleras contento, pataleando por la plaza del pueblo como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo, y sabemos que en la obra de teatro, ese no es el caso. Está loco por Rosalinda, y está triste, y piensa mucho- no como el Romeo despreocupado del comienzo de la producción de Lavrovsky. Así que quería hacerlo así, pero la coreografía no me lo permitía, así que para este ballet en particular tuve que hacer lo que la coreografía requería de mí- de lo contrario, no estaría haciendo su versión.  Xander Parish en Chopiniana. Foto: Emma Kauldhar 

¿Y qué piensas sobre el final feliz de El Lago de los Cisnes? De hecho, no me parece mal- me gusta. Es el único que he conocido. En El Lago del Royal Ballet, acababa tras la mazurca, y no me quedaba hasta el último acto porque no se necesitaba a los chicos. Sólo lo vi un par de veces y el final triste es emotivo, no hay duda, pero en cierta manera me gusta el final ruso. Describe muy bien al pueblo ruso, retrata la actitud de victoria que hay aquí, y las ganas de tener éxito. En este ballet en particular, en este lugar en particular, creo que es genial y no tengo problemas con él para nada.

El Royal Ballet y el Ballet Mariinsky son dos compañías muy distintas. ¿Cómo las diferenciarías? Básicamente, la diferencia está en quién está en esas compañías. El Royal Ballet se ha convertido en una mezcla de bailarines internacionales, algo que es muy excitante y muy diverso, pero no está unificado. El Ballet Mariinsky está unificado. Tienen a muy, muy pocos extranjeros- yo soy una excepción masiva. Sólo tenemos a cuatro extranjeros en la compañía- y cuando digo extranjeros me refiero de fuera de la antigua Unión Soviética- está Kimin Kim y una chica japonesa, Kumiko Ishii- en el cuerpo de baile, e Islom Baimuradov, que es de Austria. Estamos nosotros cuatro, y luego, aparte de los rusos, están los ucranianos, los georgianos, los bielorrusos, los moldavos… y la mayoría de ellos han pasado por la Academia Vaganova, algunos de ellos por la Academia del Bolshoi, por Kiev o Perm, pero esas cuatro escuelas comparten un método pedagógico común. Estoy siendo muy generalista, porque obviamente no todos son idénticos, pero el estilo ruso sigue en su danza. Hay algo en la unidad de los bailarines de la compañía, especialmente en el cuerpo de baile, que los hace parecer unificados. En el Royal Ballet tienen a tantos bailarines internacionales que se ve muy distinto.

¿Dirías que trabajar en Rusia es más brutal? Sí, es mucho más duro. No tenemos un sindicato como tal, así que no tenemos el mismo control sobre las horas de trabajo que tienen en Londres. Pero sí te cuidan- aunque depende más de ti el cuidarte.

¿Dirías que este acercamiento produce a mejores bailarines? A lo mejor bailarines más duros- tanto física y emocionalmente, las dos cosas van atadas. El ambiente de aquí crea a bailarines que son muy versátiles. Pueden bailar en cualquier escenario o suelo y pueden hacer frente a ello porque están acostumbrados a condiciones duras. Para ellos nos es difícil bajarse de un avión por la mañana y bailar esa noche en algún lugar con doce horas de diferencia, al otro lado del mundo. En el Royal Ballet tienes un día libre después de que hayas volado a cualquier lado. En el Ballet Mariinsky no tienes mucho tiempo para descansar y también hacemos funciones sin haber ensayado mucho. Por ejemplo, después de las vacaciones de verano, el Royal Ballet tiene cuatro o cinco semanas de sólo ensayos antes de que comience la temporada de funciones. Aquí tenemos cuatro o cinco días antes de que abramos la nueva temporada. Así que es bastante distinto en ese respecto, y es difícil, pero te endurece, supongo.

¿Dirías que te has endurecido desde que viniste al Mariinsky? Soy más duro, si, supongo que me he endurecido.

¿Tienes la piel más gruesa? Ha tenido que hacerse más gruesa. Es difícil ser un extranjero en el Mariinsky. No soy ruso aunque estoy intentando serlo. Aquí tienen un nivel muy alto, y es difícil estar a su nivel. Cuando no cumples sus expectativas te lo hacen saber. Los maestros, los coaches, e incluso el director tienen unas expectativas que a veces son inalcanzables.

¿Qué ha sido lo peor que te ha pasado desde que has estado aquí? Lo peor han sido cosas pequeñas, como ensayos en los que no he entendido lo que se me ha dicho. Ha sido muy confuso y me han gritado por no reaccionar a las correcciones que se me daban. Es muy difícil- intentar que mi pareja y mis preparadores estén contentos cuando se impacientan conmigo. Obviamente, ahora hablo mejor ruso que cuando llegué, que fue una pesadilla porque casi no podía entender nada. Luego me lesioné un ligamento del pie cuando estábamos de gira hace tres años y medio, y me llevó cinco meses recuperarme. Así que fue difícil volver y comenzar de nuevo. El Royal Ballet fue muy amable y me dejó utilizar sus instalaciones para volver a entrenar e ir a fisioterapia y Pilates en Londres. Así que tengo esta relación con ambos teatros, que me gustaría mantener. Antes de venir aquí, el Royal Ballet había sido mi hogar desde que cumplí 13 años, cuando salí a escena por primera vez como un soldado en El Cascanueces- o como un paje, o lo que fuera.

Pero has tenido más oportunidades con el Ballet Mariinsky, ¿no es cierto? Sí, me han desarrollado. Originalmente mi intención era irme un par de años, aprender mi arte y luego volver en algún momento. Cuando vine a Rusia, pensé que quizás me quedaría sólo un par de años, ¡pero aquí estoy después de seis!

¿Cuáles son tus fuertes? Soy una persona centrada a la que le gusta el trabajo duro- y sólo pienso en una cosa cuando me propongo conseguir un objetivo. No podía haber venido aquí sin la determinación de sobrevivir y salir delante de una pieza. Ahí es cuando entra en juego mi fe cristiana- necesito creer en una fuerza mayor para que me ayude en el camino, porque no puedo hacerlo yo solo. No soy lo suficientemente fuerte.

¿Y cuáles son tus debilidades? Es difícil de decir- tienes que preguntárselo a otra persona. Pero quizás que a veces estoy tan centrado en lo que hago, que no me doy cuenta de lo que pasa a mi alrededor- así que quizás puedo parecer ingenuo.

¿Qué me dices del futuro? Mis metas ahora son, antes que nada, mejorar mi interpretación del repertorio que ya he bailado. He bailado El Lago de los Cisnes y Giselle mucho, pero me gustaría hacer más funciones de La Bella Durmiente, El Cascanueces, Ana Karenina y todos los otros ballets que he bailado. No puedes dar lo mejor de ti después de una o dos funciones- tienes que hacerlo diez veces y conocer el papel de dentro a fuera para que puedas jugar con él. Segundo, expandir mi repertorio- me gustaría bailar La Bayadère, El Corsario- y La Cenicienta de Ratmansky. Tercero, me gustaría que me ascendieran en el teatro, porque mi repertorio ahora es de solista. Aunque no puedes compara a un solista del Mariinsky con el de una compañía británica o americana. No es lo mismo- la moneda es distinta- un rublo no es un dólar. Y cuarto: me gustaría bailar más como invitado, y también desarrollar una relación con el Royal Ballet. Me gustaría aprender el repertorio del Royal Ballet- Manon de MacMillan, Romeo, Winter Dreams- incluso Mayerling, quizás cuando sea mayor- y el resto del repertorio de Ashton.

Ya has bailado Aminta, de Sylvia, aquí en San Petersburgo- ¿cuáles de los demás ballets de Ashton te gustaría bailar? Muchos de ellos- Un Mes en el Campo, Monotones, Cenicienta y Symphonic Variations, una de mis piezas favoritas. Y El Sueño, sería un reto pero me encantaría probarlo. También me gustaría trabajar con Johnny Cope porque tiene tanta experiencia en el trabajo de paso a dos- fue el gran danseur noble británico y quiero aprender de él. Así que éstos son mis cuatro planes para el futuro, pero, ¿quién sabe? Las cosas cambian…

Dejaste a tu familia y amigos en Londres. ¿Has hecho nuevas amistades en San Petersburgo? Sí- he hecho amigos de por vida, creo- gente maravillosa, y no sólo bailarines. Hay dos directores de orquesta, ambos americanos, y son los mejores amigos que tengo aquí. Vivimos en el mismo edificio y pasamos mucho tiempo juntos, y dirigen mis funciones.

¿Quieres tener una familia? Sí, me encantaría tener una familia, pero todavía no. Cuando llegue el momento, y no estoy seguro de cuándo será, pero me gustaría tener una familia, sí. Me gustan los niños, me llevo bien con ellos, y creo que será genial tenerlos algún día.

¿No ha llegado la mujer perfecta aún? Todavía no.

San Petersburgo es una ciudad preciosa- ¿hay rincones hacia los que sientas especial afinidad? Donde estábamos hace un rato, en la Plaza de Palacio- hay un lugar, justo debajo de los caballos- me encanta ir ahí. A veces voy debajo del arco y me quedo ahí un rato, porque es tan majestuoso y tan inspirador. Cuando el sol se pone, y el cielo está color turquesa-azul sobre el Hermitage, tienes el verde del Hermitage, los edificios amarillos a ambos lados y el arco sobre tu cabeza. Es increíble quedarse quieto ahí durante cinco minutos y absorberlo todo. Piensas: “Wow, este es un lugar muy especial.” Luego cojo el autobús y vuelvo a mi apartamento…

¿Qué tal las compras en San Petersburgo? Está el centro comercial grande- Stokmann- y también el Galeria, donde voy a comprar de todo. Incluso hay un Marks & Spencer- la planta baja del Galeria es como estar en el Reino Unido, tiene TopShop, Zara, River Island- cualquier tienda que quieras, está ahí.

¿Te gusta la pintura? Hay un nuevo ala que acaba de abrir en el Hermitage- de hecho, está en frente de la plaza, en el edificio amarillo- y ahí están todos los impresionistas, como Monet y Manet, que adoro. Y en el Museo Ruso también hay un cuadro de la ópera Sadko, de Ilya Repin. Es enorme, una impresionante escena bajo el agua- me encanta el arte. Si tuviera dinero, compraría arte.


© Danza Europa y Américas no. 068 - Noviembre 2015