CafeLaura_Kumin

 Jesús R. Gamo y Laura Kumin. Foto: Rodnald Fernandes
JESÚS R. GAMO toma un
Café con Laura Kumin

Madrid, 13 de Noviembre de 2015, 17:00 h


Laura Kumin es incombustible: Lleva más de treinta años desarrollando iniciativas valiosísimas para impulsar y dinamizar la escena de la danza madrileña. Ya sea en el seno de instituciones como la Comunidad de Madrid (fue la primera Asesora de Danza en la ciudad), el Teatro Pradillo (donde se encargó durante años de la programación de danza) o en la Plataforma Cultural Paso a 2 (que ella misma dirige y desde donde se han creado proyectos tan importantes como el Certamen Coreográfico de Madrid, que este año cumple su vigésimo novena edición), Laura no ha parado de generar estructuras que han hecho posible que toda una generación de coreógrafos afincados en Madrid hayan desarrollado su trabajo en la ciudad. Figura clave en la creación de un tejido local madrileño, ha impulsado iniciativas como el “Proyecto Tutoría” (que conecta a un coreógrafo joven con otro más experimentado) o “Palabras en Movimiento” (con el que fomenta que bailarines y periodistas se junten en torno a la práctica de la escritura sobre danza). Pero también ha creado infinidad de vínculos entre Madrid y el resto del mundo incluyendo el trabajo de los artistas madrileños en proyectos internacionales como Aerowaves, Choreodrome o Performing Gender. Son muchos los profesionales que se han beneficiado de su gestión cultural, coherente, tenaz y longeva, rara avis en el panorama de nuestra ciudad, y que han podido viajar y hacer vínculos con instituciones y festivales internacionales como Transitions Dance Company en Londres, el American Dance Festival en Carolina del Norte, ImpulsTanz en Viena o B-Motion en Bassano del Grappa por mencionar sólo algunos. La incansable labor de Laura ha sobrevivido a todos los cambios de políticas culturales de Madrid lo que la convierte en una institución en sí misma absolutamente imprescindible si se quiere entender el paisaje actual de la danza madrileña. Aquella tarde de Noviembre que quedamos para tomar café, Laura me contaba sus inicios con la danza: Sus padres tenían una escuela de artes escénicas en Cleveland, Ohio, por donde pasaban muchos bailarines que, provenientes de grandes compañías, comenzaban a crear sus primeros trabajos. Gente como Kei Takei, Laura Dean o Bill Evans estuvieron allí: Dormían en la casa familiar y ensayaban en los estudios de la escuela así que, desde muy pequeña, Laura vivió en un ambiente de residencias artísticas y procesos creativos. Un acontecimiento importante fue la llegada de una amiga de su madre que había bailado danza española y que comenzó a dar clases y a formar una compañía en la escuela de sus padres. A Laura le encantó este estilo y acabó en Madrid estudiando Lengua y Literatura Española por las mañanas y bailando por las tardes en Amor de Dios: “Coincidí con mucha gente, Lola Greco, María Pagés…” Luego, trabajó como bailarina en las compañías de Antonio Del Castillo y Carmen Mota pero acabó desencantándose y comenzó a colaborar con Margaret Jova, otra bailarina estadounidense que había conocido en Amor de Dios y que tenía un pequeño estudio. Allí, Laura dio clases pero llegó un momento en el que las rodillas no le daban para más. Era el año 85 y comenzó a plantearse cómo seguir cerca de la danza si no podía bailar: “Me di un plazo de un año: enseñaba inglés por las tardes y todas las mañanas mandaba tropecientas mil cartas, fui a hablar con todo el mundo, escribí a Dance Magazine porque no tenían corresponsal aquí y el editor me aceptó…” Junto a Margaret Jova, decidió crear el Certamen Coreográfico de Madrid y Guillermo Heras lo acogió en la Sala Olimpia. Laura recuerda con especial emoción aquel primer certamen: “Todo era gratis pero no sabíamos si iba a venir alguien a verlo. De repente, había una cola que daba la vuelta, estábamos Margaret y yo en la taquilla y decíamos: mira, mira, sí, hay gente. Fue súper bonito”. Después, en el 89, la invitaron a crear la asesoría de danza de la Comunidad de Madrid. “Fui la primera asesora de danza. Había una persona que llevaba danza, humor, cine… y decidieron que la danza ya tenía actividad suficiente como para merecer una asesoría. Yo venía de Estados Unidos con una idea de servicio público y para mí una asesoría era un sitio de información, había que generar actividades. Allí elaboramos la primera guía de recursos para la danza. Hicimos mucho, fue muy emocionante, me dejaban hacer, yo podía proponer y se hacían cosas. También elaboramos una especie de inventario de coreógrafos.” Luego, hablando del presente de nuestra ciudad Laura se mostraba tajante: “Madrid sufre mucho de una falta de verdadera política cultural. En todo el tiempo que llevo aquí, y llevo más de treinta años, no he visto ni una sola política cultural que vaya más allá del ejercicio de una administración. Aquí no se piensa a largo plazo y eso es algo muy frustrante. La cultura y la educación no son moneda de cambio, son un derecho.” Una de las cosas que, tal vez, comentábamos, haya jugado en contra del panorama de la danza madrileño es la falta de unión: “En Madrid la gente está muy dispersa. Cuesta mucho unirse alrededor de algunos objetivos comunes. Me gustaría que pudiéramos ir todos a una. Crear un proyecto sólido de continuidad que no sea fácil de borrar del mapa. Es posible hacer algo coherente y mirando a largo plazo si somos capaces de no dinamitarnos a nosotros mismos. Con más unión, aunque no siempre estemos de acuerdo con todo.”


© Danza Europa y Américas - Diciembre 2015