Cafe_Esteban_Berlanga

 Jesús R. Gamo y Esteban Berlanga. Foto: Eva Viera.
JESÚS R. GAMO toma un café con
Esteban Berlanga

Madrid, 24 de Mayo de 2016, 18:30


Esteban Berlanga es uno de los intérpretes más carismáticos de la Compañía Nacional de Danza. En los últimos años, lo he visto bailar en piezas de estilos muy diferentes, desde una versión muy particular de La Muerte del Cisne -creación de Ricardo Cué en homenaje a Maya Plisétskaya en la que Esteban hace gala de un control impresionante de las dinámicas más lentas- a la poderosa y agotadora Sub de Itzik Galili, un trabajo coral para siete bailarines en el que la ligereza y extensiones de Esteban son el complemento perfecto para el frenetismo que domina la propuesta coreográfica. Nacido en Motilleja, un pequeño pueblo de Albacete, Esteban comenzó sus estudios en el Conservatorio de Danza y Música de esta ciudad. Cuando cumplió dieciséis, se mudó a Madrid para continuar su formación en el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma. Su familia no habría podido afrontar los gastos que eso suponía pero Virginia Valero, la directora de esta institución madrileña, estaba convencida de que Esteban debía concluir sus estudios con ellos y habló con la Asociación de Padres del Conservatorio. Una de las familias de un joven estudiante ofreció su casa en Alcalá de Henares y Estaban se trasladó a vivir con ellos. Así que esa tarde de Mayo que pasé con Esteban tomando un café en una terraza del centro de Madrid, cuando le pregunté por sus primeros recuerdos de la ciudad, no pudo contarme mucho: aquellos primeros años se le fueron en el tren –el viaje de su casa al Conservatorio era de más de una hora-, las salas de danza y el instituto. “Intentaba no salir demasiado, no quería gastar mucho por respeto a mis padres. Luego, en mi último año, comencé a hacer alguna cosa más.” Dos de los profesores y coreógrafos que fueron especialmente significativos para él fueron Ricardo Franco y Goyo Montero: “Ricardo fue un maestro importante, bailé un solo suyo, un fado que había creado para otro bailarín. Lo presenté en una competición en Castilla la Mancha para conseguir una beca. Goyo Montero creó para nosotros una pieza con la que ganamos el Maratón de Danza que se hacía entonces en el Teatro de Madrid.” Cuando el curso terminaba, en verano, Esteban se unía a Europa Danse, un proyecto dirigido por Jean-Albert Cartier que daba a un grupo de jóvenes bailarines de diferentes lugares de Europa la oportunidad de trabajar en una atmósfera preprofesional. Tan pronto como acabó sus estudios, comenzó a hacer audiciones: “Me fui a Londres con una amiga a hacer una clase con el English National Ballet. Me dijeron que estaban interesados pero que esperara un poco. Luego fui a Toulouse y allí me ofrecieron un puesto. No acepté directamente y escribí a Londres diciendo que necesitaba una respuesta. Dos semanas después tenía el contrato en casa. Fue increíble, nada más comenzar nos fuimos de gira a Taiwán. Mientras estás en la escuela piensas que ya lo sabes todo pero luego sales y te das cuenta de que todavía no has aprendido nada.” Esteban estuvo siete años con el ENB, “desde mi segundo año con la compañía, estando en el cuerpo de baile, ya empecé a hacer el papel principal en El Lago de los Cisnes pero, tras siete años, nunca llegué a ser bailarín principal. Simplemente no pasó, tal vez no estaba preparado, no sé. Luego, con Tamara fue duro al principio porque yo no sabía lo que buscaban… Creo que soy un bailarín lírico y pensé que ella preferiría chicos más potentes, con más salto y giro… Así que comencé a pensar que debía irme. Hablé con José Carlos Martínez y me aconsejó que esperara un año para ver cómo se desarrollaba la cosa. Lo hice y la verdad es que me sorprendí bastante. Fui partenaire de Tamara y me llevó a galas, justo lo contrario de lo que yo había pensado. Pero igualmente necesitaba un cambio. Ya estaba un poco cansado de hacer El Cascanueces todas la Navidades. Me apetecía bailar el trabajo de otros coreógrafos.” Esteban sigue viajando a Londres, hace poco bailó junto a Tamara Rojo una de las piezas del programa triple del ENB Lest We Forget. También hace galas internacionales y es bailarín invitado en Japón. “Está bien para nuestra economía, el salario aquí en la compañía no es alto pero estoy bien en Madrid. Tal vez no haya tantas oportunidades como en Londres pero mi vida es mejor aquí. Aunque no tenemos nada fijo, el INAEM nos contrata cada temporada y nos vuelve a despedir, algo que es ilegal. Pero no quiero hablar de eso, me entra impotencia. Lo que sí se puede hacer en Madrid es improvisar, probar cosas. Así que ahora estoy desarrollando un proyecto con otro de los bailarines de la compañía, Aleix Mañé: El piso que está al lado del que tenemos alquilado para vivir se quedó vacío, Aleix acaba de terminar una formación como cocinero, tenemos treinta años, la situación es inestable y no sabemos cuánto tiempo vamos a seguir bailando. Lo alquilamos y hemos montado un restaurante muy particular…” Jesús R. Gamo