Cafe_Carmen_Senra

 Carmen Senra y Jesús R. Gamo. Foto: Rodolfo Gómez
JESÚS R. GAMO toma un
Café con Carmen Senra

Madrid, 26 de Junio de 2015, 09.30, 2015


Desde que conozco a Carmen Senra, todos los inicios de cada verano se plantea qué hacer con el Plan de Formación Profesional de Danza Contemporánea que dirige desde hace más de veinte años en la escuela madrileña de Plaza Castilla que lleva su nombre. Le da vueltas a los planes de estudio y cambia las cosas una y otra vez en busca de un buen equilibrio entre las técnicas tradicionales de danza, la creación y la investigación de movimiento –al fin y al cabo, como dice, ya se ha preocupado ella de que su escuela sea libre y no esté sometida al mandato de instituciones o personas que no entienden la danza contemporánea. Cualquiera que conozca mínimamente la historia reciente de la danza madrileña sabe que de allí han salido varias generaciones de bailarines y coreógrafos y que la danza contemporánea de esta ciudad no puede entenderse sin analizar su aportación. Aquella mañana de finales de junio que compartí con ella, Carmen seguía evaluando los aciertos y debilidades del curso que acababa de terminar para mejorar el diseño curricular del siguiente. A la vez que proyectaba hacia el futuro saltaba con soltura por diversos acontecimientos del pasado. La madre de Carmen aporreaba el piano, tocaba tangos, y cuando ella comenzó con ese instrumento, se dio cuenta enseguida de que ella también acabaría aporreándolo. Fue el encuentro con la danza (al principio la escuela bolera y el folclore) el que la hizo comprender que todos esos matices que sentía sí podría expresarlos a través del movimiento. Pero en aquel momento había poco que hacer en Madrid más allá de algunas clases sueltas en unos cuantos sitios. Tras varias idas y venidas comenzó a viajar a París y Londres. “En ese momento todo Madrid andaba buscando salidas y cualquier cosa que viniera de fuera era oro, cualquier revista o disco editado en otro lugar era un tesoro. Volvíamos a España con las clases que hacíamos en el extranjero anotadas por escrito.” Carmen recuerda que las ansias de aquel entonces de buscar libertades y otras formas de expresión artísticas las encontró con los componentes del grupo de teatro de la facultad de filosofía. “El mundo de la danza no tenía grandes expectativas de cambiar nada, el único sueño, para aquellos que no se quedaban trabajando en los grupos de coros y danzas o con las grandes figuras del baile español haciendo giras, era conseguir subir mucho las piernas y hacer muchos giros para que los cogieran en alguna compañía del extranjero.” Finalmente, fue en Estados Unidos donde Carmen encontró lo que había estado buscando, en la Universidad de Connecticut y el American Dance Festival. Le llamó la atención una improvisación de unos estudiantes que orinaban sobre la bandera de Estados Unidos. También le impactó el estilo de Alvin Ayley, la Modern Dance como la llamaban. Al ver Revelations, cuenta, sintió que su búsqueda estaba dando frutos. La ilusión de Carmen en aquella época era poder desarrollar en España un centro de formación para profesionales en el que se impartieran enseñanzas de danza contemporánea. Poco a poco lo fue consiguiendo regalándole a la danza madrileña su transición hacia la modernidad a la vez que España iba dando tumbos por su transición política. Pero a veces las transiciones, me contaba Carmen, quieren hacerse demasiado rápido. “De repente, traían a Madrid todas las novedades, trajeron el Festival de Otoño de París tal cual. No digo que no tuviera que haber una élite de vanguardia pero nosotros éramos la transición.” Más tarde tuvo varios desengaños, deshizo su compañía y se dedicó en cuerpo y alma a su pequeña escuela. Ya casi habíamos terminado el café, el calor empezaba a pegar fuerte y Carmen pidió un refresco. Antes de despedirnos, hablamos unos minutos sobre la ciudad de Madrid, “ese canal de ida y vuelta”, como decía ella. “Los catalanes nunca lo han comprendido, ellos tienen unas raíces y necesitan hacer su teatro, su música y su danza. En Madrid hay grandes cosas que desaparecen enseguida pero es la tierra de todos. Ahora ya se están empezando a crear estructuras más sólidas pero antes los gobiernos estaban probando. Los políticos siempre son iguales, no entienden de nada y siempre ponen el dinero en lo que suena. Sigue el amiguismo y siguen los asesores que tan pronto te ensalzan como te hunden. Pero Madrid tiene algo muy bueno, esa capacidad de aceptar a todo el mundo aunque venga de paso, de recibir agradecida ese saber del viajante que llega y nos deja su semilla. Madrid es eso, es bucólica y amable, cuando tiene dinero lo gasta, no escatima. Ahora bien, como en una casa, hay que ser generoso pero también se debe controlar un mínimo la economía. Eso pasa en Madrid, que, a veces, los políticos, de tanto intentar figurar, descuidan las bases de la ciudad.”


© Danza Europa y Américas no. 066 - Agosto/Septiembre 2015