Cafe_Anuska_Alonso

 Jesús R. Gamo y Anuska Alonso. Foto: Clara Pampyn
JESÚS R. GAMO toma un
Café con Anuska Alonso

Madrid, 26 de agosto, 16:00, 2015


Hace ya más de diez años que conocí a Anuska Alonso. La primera vez que nos vimos fue en el estudio de danza de Carmen Senra, ambos íbamos a la clase de técnica contemporánea con base Limón que daba Ángela Rodríguez. Eran clases de dos horas y media y estaban totalmente llenas. Allí se creaba una energía muy bonita, aprendíamos a usar el peso del torso, a desplazarnos por el espacio, a usar la respiración a favor del movimiento… En aquel momento no sabíamos muy bien dónde ni cómo utilizaríamos todo aquello que practicábamos, si nos quedaríamos en Madrid o si nos iríamos fuera, pero disfrutábamos bailando en ese pequeño estudio del norte de la ciudad. Después, poco a poco, cada uno fue haciendo su camino. En todo este tiempo, Anuska no ha parado de trabajar como bailarina, coreógrafa y profesora. Su crecimiento interpretativo ha estado ligado al coreógrafo Daniel Abreu y su cuerpo, con su personal forma de manejar la energía, se ha convertido en un icono del trabajo de este creador. Tras tantos años bailando con Abreu, Anuska sigue ilusionada y no duda de su suerte, si tuviera que elegir un coreógrafo lo elegiría a él. La nueva producción de la compañía, Verene, se estrenará el próximo mes de diciembre en la Sala Roja de los Teatros del Canal. Aquella tarde de agosto que quedamos para tomar café en una terraza del barrio de La Latina, Anuska me contaba algunas de las cosas que la engancharon a la danza contemporánea, “el aire en la cara al moverme o la sensación de que el suelo está ahí y no te falla y siempre está a la misma distancia”, al mismo tiempo que recordaba sus comienzos con el ballet en Vigo. Fue su maestra de la infancia, Esperanza Arrondo, la que le enseñó a no preocuparse demasiado por el futuro para poder ocuparse del presente. Y el presente es fundamental en una ciudad como Madrid porque si vives demasiado pendiente de lo que pasará después, comentábamos, acabas por dejar la danza. Aún así, Anuska no se siente estancada en esta ciudad, dice que, a pesar de todo, no se le acaba, tal vez gracias a tanta gente que no para de hacer cosas por muy adversas que las circunstancias sean. Sin embargo, también se acordaba de muchos compañeros, bailarines excelentes, que nunca consiguieron’estar’. Y con’estar’, precisaba, no quería decir conseguir un contrato en una compañía, sino estar en algún proyecto, aunque fuera puntual, tener la posibilidad de bailar en escena. Y es que ser bailarín en Madrid es muy difícil porque es una ciudad que genera dispersión, miedo y estrés, confesaba: “Siempre hay que estar haciendo un plan B y eso hace que, al final, no te puedas dedicar al cien por cien y muchos acaben dejándolo. Además, es muy difícil mostrar los trabajos: si ya has bailado tu pieza en una sala, a otra ya no le interesará porque tu público ya la ha visto y no volverá, no hay más público.” Además de como intérprete, Anuska ha trabajado como coreógrafa creando sus propios proyectos y reconoce que es mucho mejor bailarina desde que ha estado al otro lado: “Cuando vas a un ensayo y tienes que dirigir a alguien que tiene mala energía o que simplemente no quiere estar allí, te das cuenta de lo mucho que eso dificulta el trabajo creativo. La actitud es muy importante y por eso, ahora, cuando trabajo como intérprete soy especialmente consciente, yo soy un vehículo de comunicación y no puedo llegar con mi negatividad porque dificulto las cosas”. Cuando da clases, Anuska hace hincapié en la capacidad de concentración y la habilidad para tomar decisiones:’Es fundamental, igual que trabajas tu elasticidad o tu equilibrio.’ El trabajo desde el centro es otra de las cuestiones que le interesa especialmente.’Es un concepto que flota en el aire pero que no siempre está en el cuerpo. A mí me ayuda pensarlo desde la respiración. También la eficiencia energética, hay veces que hay que repetir un ejercicio mil veces para cansarse y luego hacerlo desde otro lado y, es verdad, cuando ya el cuádriceps no puede más, comienzan a colaborar otras partes. Es la diferencia entre que el material te controle a ti o que tú controles el material. Y es bonito ver que al final son conceptos que están en casi todas las técnicas corporales, están en Pilates, en yoga…” Justo antes de despedirnos, Anuska volvía sobre esa dispersión madrileña, sobre esa necesitad de estar constantemente equilibrando varias cosas, para pensarla desde otro punto de vista y lanzaba un deseo para el futuro: “Poder seguir teniendo la oportunidad de probar cosas distintas, tampoco el trabajo se presenta como para poder dejar de hacerlo… Pero, en realidad, me encanta. Es como ir de tapas. Al final siento que un trabajo está enriqueciendo al otro.”


© Danza Europa y Américas no. 067 - octubre 2015